miércoles 4 de noviembre de 2009
Ellos ya lo sabían
cuando lo intentaban
pero con vos es distinto: nunca preferí una cama de clavos
ni la picana en los huevos a un beso tuyo.
Adoro no entenderte
despertarme antes que vos para ver
la mueca del odio dormida en tu cara.
Una vez soñé que te mataban frente a mí
y desperté excitado
con unas ganas horribles de tenerte dentro.
Me decías “la comida sabe
como si le hubieras echado sal con la cocina a oscuras”
para que te dieran ganas de vomitar al escuchar
mis amenazas.
En la casa juntos siempre fue agosto y domingo
siete y media de la tarde
sin amigos
y habíamos tomado toda la noche y habíamos
bailado hasta quedarnos dormidos.
Me acuerdo que una vez
agarraste un cuchillo como quien se ríe.
domingo 12 de julio de 2009
esa aquélla
esa
muerte ésta
esta muerte ésa
(aquella muerte)
esa aquélla esta
muerte ésa
esta muerte aquélla aquélla
jueves 2 de julio de 2009
rough notes on dispair
aunque seamos pedazos cada uno con su amor
su droga y su color favoritos
porque una guerra se avecina siempre y somos torpes
incapaces de tomar las armas pero habrá que resistir
con violenta indiferencia o con facciosa ternura
oh amor hay que estar
enteros
aunque a la mañana querríamos seguir soñando
con un paraíso hecho a la medida del maravilloso subconsciente
que es la suma de nuestros pedazos en perfecto sincretismo
la poesía nada puede es nuestro vago privilegio inerme
la poesía es nuestra suave trascendencia
la poesía no se parece a los sueños
oh amor la poesía no puede explicar el sufrimiento ni siquiera decirlo
yo sé que defender nuestro silencio es elevar un grito
el desafío es merecer en la hora más humilde una muerte soberbia como un sol
jueves 11 de junio de 2009
Arte y artesano
De tanto en tanto viene a casa un hombre que me obliga a ponerme de rodillas y hacer lo que ya saben. Cuando hemos terminado, se sube a su
enorme-auto-gris, haciendo tintinear las llaves en su mano izquierda (el tintineo de las llaves como dientes de gitano en un cofre de oro puro).
Me hace un guiño desde el automóvil y es fagocitado de inmediato por una espesa nube de humo negro: oigo el bramido pestilente del motor como si acabara de irse, como si acabara
de doblar la esquina en la que está el duraznero. Enjuago mi boca varias veces, escupo con asco, maldigo entre dientes.
Luego creo a voluntad una visión del humo erizándose en el aire: manchas de rouge, besos desdeñados que la mano del viento borronea.
Finalmente llega el día. De tanto en tanto es esta tarde; a veces ocurre que es hoy y escucho su voz afiebrada pidiéndome que lo haga. “De rodillas”.
Tengo la sensación de haber estado escribiendo toda la vida.
Poema para matar las arañas
Mi mejor amiga me pide que las mate
porque las arañas le dan miedo
en época de desove;
así que actúo de inmediato
primero sobre las madres con trapos
empapados en lavandina
luego sobre la cría.
Las telas grises caen como arañas más grandes.
Las ootecas de ámbar se desintegran.
Yo me caldeo como siempre entre el deber y el amor.
Entre dejar vivir
y matar piadosamente.
Sólo soy preciso cuando me traiciono.
jueves 4 de junio de 2009
patria/contraluz

la imagen viril de los árboles quemados
no otra vez mi sueño parisino en el que no hay camas
y sí verse entre columnas de mármol seducirse lentamente
la única voz que no se oye gritar en el bosque
y sí mirar el aire apenas tibio y no beber en clave suicida
un único ardiente burbujeo a través de los cristales
otra forma enteca del amor otro cuchillo sucio
si todo es inimaginable y cuando alguien me levanta
escucho el tintineo de unas llaves de unas monedas de oro
la sonda adherida al cuello de los pájaros la roja memoria de las flores
jamás tocar de nuevo un lápiz si eso significa escribir
para que no me amen en parís para que me detesten en roma
la hoguera de pluma el verde traidor el aleteo inútil
viernes 29 de mayo de 2009
Mantra
a S. R.
el amor no es una cuenta infinita
siempre deben comenzar de nuevo en algún punto los amantes
distraídos los ebrios los desmemoriados
amar a partir de un gesto que dice
de una palabra que recoge el lugar donde quedaron
objetos que nos salvarían del espanto
de ser una vez más en la mañana
dos hombres silenciosos
caldeándose entre el miedo y la lujuria
